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Escondiendo detalles #SanValentín
Ese pasotismo en el podcasting

Después de más de siete años observando la podcastfera española desde todos los frentes, conociendo a la gente (virtualmente y en persona) y observando cómo ha ido avanzando todo, sigo apreciando pasotismo en el podcasting. Ojo, que no en los podcasts. Lo explicaré extensamente, aunque seguro que se nota por donde voy.
Creía que estaba sólo durante mucho tiempo en la cruzada de intentar difundir el podcasting. Un contenido cultural que es fácil de acceder y de una gran calidad, si se sabe escoger. Un contenido creado por hobby en su grandísima mayoría en este país. Vamos, “por amor al arte”. Es un placer para todos según parece. Bien. Desde aquel boom del 2009 (donde comenzó la fiebre podcastera verdaderamente) hasta el día de hoy, todo ha ido a mejor. Más y mejores podcasts donde elegir, asociaciones que se unen para impulsar este medio de comunicación, jornadas locales y regionales donde poder compartir en carne y hueso esta afición (ya sea desde el micro o desde los auriculares). Genial. Un ejemplo del avance, aunque a muchos les parezca faranduleo, son las Jornadas de Podcasting ó JPOD. Esos eventos anuales que se llevan celebrando desde 2006 y que han evolucionado excelentemente a lo largo de sus ocho ediciones. Y no en cuanto a calidad de instalaciones o recursos. Si no en calidad del grupo que forma la podcastfera española. Siempre lo diré: merece la pena.
Sin embargo, el ocio lleva inevitablemente al pasotismo. Un pasotismo que, en 2009, era muy tolerable. Los medios y las tecnologías de las que se disponía dificultaba todo. Tenías que ser un bicho raro para conocer el podcasting. Casi cinco años después, esto es otra historia. Todo aficionado al podcasting, consumidor o creador de podcasts, va con un móvil que es un centro multimedia. De mayor o menor calidad, pero se dispone de ello. Y se nota que la gente sabe compartir. Hasta el más desinteresado por la tecnología. El ejemplo está en la red social del señor Zuckerberg. Aunque no se comparta demasiado los capítulos de podcasts, al menos potencial ya hay.
Volviendo a la celebración de las JPod, todos los años noto lo mismo: pasotismo, quejas, pasotismo, quejas…bla bla bla. Y cada uno con su micro y auriculares. ¿Os habéis dado cuenta hasta ahora me refiero a que “la podcastfera” son tanto consumidores como podcasters? Es para tenerlo clarito. Total, que siempre se arma revuelo por polémicas y no por lo que realmente mola/importa: difundir el podcasting. Porque saber de uno u otro tema que se desconoce, estar al día de noticias, destapar verdades, comunicar experiencias…etc., eso es podcasting. Los 365 días del año. Se puede consumir sólo una o varias temáticas. Encasillarte en comunidades. Pero sin darlo a conocer, poca motivación habrá para seguir creando contenidos. Motivación. Que no “ego”. ¡Hey! Que los oyentes, escuchas, consumidores de podcasts somos los primeros que debemos dar ejemplo con ese feedback con los podcasters tan valorado. Porque los podcasters aprecian mucho que alguien de fuera de su entorno opine y comente lo que le parezca. Siempre sin cruzar la delicada línea del desprecio. Que somos seres humanos y lo malo, por mucho que digan, duele si se dice en el sitio equivocado o de la forma equivocada.
Todo esto puede llevar a la fácil conclusión que disfrutar del podcasting es una vía de escape que se guarda como un tesoro. Muy personal. Individual. ¿Friki?. Parece que da miedo decir a la gente que te gustan los podcasts y que otros medios como la TV son mierda. O puede también que siendo una esfera de baja consideración en la red de redes haga que la comunidad de la podcastfera se refugie en ella misma impidiendo también la difusión. ¿Será una combinación de todo?. Eso dejando a un lado la labor de los medios de comunicación actuales como la radio que tienen al podcasting como tabú, pero no sus podcasts (aunque renieguen utilizar la palabra p o d c a s t).
Todo tiene su miga. Pero ¿se quiere ser pasota o es algo que no se da cuenta la gente (lo cuál me preocupa y decepciona a partes iguales)?. Pondremos un ejemplo muy reciente: la pasada maratón de apoyo a las #Jpod14Bar. El objetivo era recaudar fondos para la celebración de las jornadas. Se quería intentar llegar a los 2000€ que cuesta el alquiler del local en Barcelona. Era una iniciativa novedosa. No por la recaudación, tipo crowdfunding o micromecenazgo, sino por mover a la masa de la podcastfera durante 5 horas para apoyar las Jpod14. Unas Jpod que parecían irse a pique por no presentarse candidaturas en los plazos indicados. Jornadas que se montan igual que la mayoría de los podcasts: por amor al arte. Pues bien, la red social por excelencia en el podcasting es Twitter. Una red rápida en la que prima el momento. En esa ocasión, el momento duró 5 horas. En su momento se publicaron unas métricas que dejaron mucho que desear. La verdad es que es una pasada que se consiguiera el reto. Increíble. En serio. Increíble no por las donaciones, sino por la difusión del evento. Un evento que no se iba a hacer más que una vez. Dejemos el dinero de lado. Sé que es difícil. Pero ¿tanto esfuerzo era difundir la maratón un domingo por la tarde?. Un toque en el botón de retweet ó gastar 20 segundos con un tweet original promoviendo la escucha. Es que es curioso como se oyen y leen comentarios sobre el tema de las JPod durante días, meses y llega el momento y… tuve una sensación de vacío. Que está bien conocer todas las chorradas que se pueden hacer con los móviles, pero podrían aplicarse para algo en condiciones una vez al año. No digo que se hubiera recaudado un millón de euros. Pero sí hubiera sido un puntazo que las palabras podcast, podcasting, jpod llegaran a más gente. Era un buen momento.
Menos mal que me he rodeado muy bien de gente que es todo menos pasota. Cosa que entusiasma y motiva. Gente que seguro me leéis con cierta asiduidad. Y merece un respeto E N O R M E. Aunque esa inmensa mayoría sigue igual. Excelente reflejo de la sociedad. Qué curioso.
En fin, yo seguiré en mis trece apoyando esto. Desde los auriculares o desde el micro. Da igual. Incluso lucharé para que llegue el momento en el que podamos escribir un hashtag del tipo #DíaMundialDelPodcasting. Sólo espero que ese pasotismo no me invada nunca.
Adivinad cuál le gusta más #carnaval
La revolución de los 0,89€

Estos días están siendo especiales en relación a la revolución que está habiendo por los 0,89€ (89 céntimos de euro) que cuesta la renovación de la licencia del servicio de mensajería instantánea WhatsApp por un año. Ya hubo revuelo por la expansión en el mercado de la aplicación LINE. Y es que ese WhatsApp killer se espera por muchos como agua de Mayo. ¿O a lo mejor no tanto?. ¿Es por lo que cuesta, por las dificultades de realizar el pago o porque tenemos ganas de dar guerra?. Pues es una mezcla de las tres.
Hace unos días difundí por las redes sociales este método para ampliar la licencia de WhatsApp. Y lo hice a modo de experimento para ver la respuesta. Aún sabiendo que mis contactos provocarían un grandísimo sesgo en los resultados, encontré todas las situaciones: gente que prorrogaba la licencia aún habiendo dado guerra con la renovación, otros que lo hacían por ver si era verdad, otros que no sabían pagar la licencia (de ahí que permitieran el pago por otro usuario) y vieron luz al final del túnel y bastantes que aún ven mal eso de pagar cuando existe la posibilidad de hacerlo free.
LINE y Telegram (o BBM para algunos) puede que sirvan como alternativa. Los que trasteamos con la tecnología tenemos la ventaja de poder elegir, pero la mayoría de la gente no. Y no porque sea incapaz, sino porque ni les va ni les viene. Con WhatsApp vale. No se quieren complicar. La seguridad o la versatilidad no importa cuando todo el mundo lo tiene.
Lo que sí me ha hecho cierta gracia con Telegram es que está revolviendo más las aguas que LINE. Aunque sea en nuestros entornos más geek. La seguridad empleada en las conversaciones y que sea de código abierto son dos características que llaman. Junto con la versatilidad entre plataformas. Eso sí, de ahí a que se originen pequeñas batallas entre los defensores de uno u otro sistema…me parece enfermizo.
Las cartas están encima de la mesa. Sin embargo y aunque podamos tener la opción de usar distintos servicios, una cosa está clara: todo el mundo usa WhatsApp.
La pregunta es sencilla ¿verdaderamente los 0,89€ son un problema?.


