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Raúl de la Puente

el espacio web de @DoctorGenoma

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El laberinto de los podcasts

Imagen de cabecera para el post "el laberinto de los podcasts" que muestra un mapa de España con laberintos entrelazados por plataformas y muros.

Llevo 16 años difundiendo este maravilloso medio de comunicación y el cambio en la distribución/difusión de los podcasts ha sido enorme. Lo que antes era relativamente sencillo, hoy se ha convertido en un auténtico laberinto de plataformas, formatos y estrategias de difusión. El que escucha, quiere escuchar su podcast donde le plazca o conozca y el podcaster querrá tener su podcast bonito y listo para que todos lo encuentren. ¿O no?.​

Cuando todo pasaba por iTunes

Al principio, si querías escuchar un podcast, ibas a iTunes y poco más. Era la plataforma de referencia en cuanto el señor Jobs, en junio de 2005, integró los “podcasts” en la aplicación. Ese era el lugar donde estaba “todo” y donde se agrupaban la mayoría de los programas sin demasiadas complicaciones técnicas para el oyente. Navegabas haciendo scroll o utilizando el buscador y a escuchar.​
Con el tiempo fueron apareciendo otras plataformas. Entre 2008 y 2010 apareció iVoox, que se convirtió en un pilar para la comunidad hispanohablante y en un complemento natural a la actual Apple Podcasts.​

Después de un tiempo, encontrar un podcast seguía siendo sencillo: Apple Podcasts (o iTunes en su momento), iVoox y las propias webs de los podcasters, donde muchas veces estaba el feed para llevarlo a tu podcatcher favorito. Si sabías lo que era un feed RSS y usabas un gestor de podcasts, prácticamente tenías el mundo del podcasting a tu alcance. No hacía falta mucho más para descubrir y seguir programas. Y ya no digamos los soportes para escuchar los podcasts. Esos pequeños grandes reproductores como los iPod, los reproductores MP3 y en los propios ordenadores. Sí. Se escuchaban los podcasts en los ordenadores. Y la descarga también dependía de la disponibilidad de una red de internet. Unas tarifas que al principio no compaginaban monetariamente muy bien eso de tener ADSL o la incipiente fibra en el hogar y los datos en el móvil. Yo, hasta 2009, no tuve ni red de internet en casa ni tarifa de datos en el móvil. Ahora, todo el mundo puede escuchar un podcast pulsando la pantalla de su smartphone en una u otra aplicación sin demasiado esfuerzo.​

La explosión de plataformas y formatos

En los últimos siete años todo esto ha cambiado de forma radical. La palabra “podcast” se ha hecho tan popular que prácticamente todo el mundo la conoce. Esto ha atraído inversión, publicidad y un interés enorme por monetizar el formato, tanto en audio como en vídeo. Una vorágine de distribución que embriaga a los que comenzamos trasteando descubriendo podcasts en esa nueva pestaña incluida en iTunes hace 20 años.​
Al mismo tiempo, ha crecido el fenómeno del videopodcast: versiones en vídeo de los programas, pensadas para plataformas como YouTube o Spotify, que se apoyan en la imagen para conectar con la audiencia. Una imagen que muchas veces deriva en despreciar el audio.​

De tener “un feed” a estar en todas partes

Antes bastaba con tener una web (o no) para , tener un feed, estar en iTunes y más tarde en iVoox. Con eso llegabas a casi todo el mundo. Un mundo reducido, la verdad. Hoy, si quieres que tu podcast sea fácilmente descubrible, la lista se ha vuelto mucho más larga:​ primero has de elegir muy bien dónde alojar los audios (mp3). Después tener una estrategia de mínima distribución como dar de alta el podcast en Spotify, Apple Podcasts, iVoox, llevarlo a Amazon para facilitar el uso con los dispositivos Alexa, dar también el feed a YouTube, etc. Todo esto hará que los podcatchers se nutran de la plataforma que usen para captar ese feed y así disponerlo al oyente. Y no he dicho nada de otras plataformas como Podimo que toman tu podcast e intentan ganar dinero con el contenido sin haber pedido permiso. ¡Ah! y, como colofón, comprobar que todo es correcto.

La carga extra de la difusión

Ahora pasamos a los daños colaterales de la sociedad actual: las redes sociales. Si no se está en X, Facebook, Instagram, TikTok, Mastodon, Bluesky, grupos y canales de Telegram y canales de difusión en WhatsApp, parece que no existe el podcast. Generar clips de vídeo para redes sociales, shorts, reels, historias, etc. La idea es atraer más oyentes, pero eso implica grabar, editar y adaptar contenido constantemente a distintos formatos. Incluso se llegan a imprimir códigos QR con enlaces a donde se quiera dirigir al oyente (audiencia) y pegarlos en lugares físicos por los que pasas a menudo generando esa mercadotecnia que a muchos nos gusta coleccionar. O ropa que mostrar. Todo esto suma tiempo, energía y esfuerzo mental. Y eso sin contar el podcasting 2.0. Esas herramientas que, dependiendo de cómo se tenga el podcast configurado, pueden ser sencillas de implementar o todo un reto para el podcaster.​ ​
Hace años, quienes escuchaban podcasts eran “cuatro frikis” que sabían dónde buscar. Ahora hay que servir el contenido en bandeja a una audiencia masiva, en la plataforma y el formato exactos que esa audiencia espera.

Y la audiencia se diluye junto con el contenido

Esta sobre-distribución termina quemando a muchos podcasters. Menos mal que no a la mayoría. A veces ni siquiera saben por qué plataforma les escuchan más, y se ven obligados a recurrir a analíticas y técnicas para medir si lo que publican realmente gusta a su audiencia.​
El feedback sigue siendo, en muchos casos, escaso a menos que se pida de forma muy explícita, y las cifras pueden resultar engañosas porque el podcast se ve cada vez más como un “producto” que hay que vender, empaquetar y promocionar.​

El problema de intentar agradar a todo el mundo es que, si se adapta el contenido a cada “cliente” y a cada plataforma, al final se corre el riesgo de diluir el propio gusto y la propia identidad. Se deja de disfrutar del proceso porque se trabaja más para el algoritmo que para los oyentes. Y, sobre todo, dejando de prestar atención tanto al contenido como a la edición del pódcast, repercutiendo en la calidad del programa. Ese equilibrio entre llegar a más gente y mantener la esencia como creador es uno de los grandes retos actuales del podcasting. Esta falta de equilibrio por sacar partido al podcast nubla a muchos. Y ¡ojo cuidao!: el oyente siempre seguirá siendo lo más importante. Lo que pasa que la media de los oyentes de podcasts actuales es muy distinta. Y sus exigencias también. Generando un SESGO (sí, con mayúsculas) que hace mal al formato. De verdad. Parece que hay poco pensamiento crítico. Una tendencia que inunda la red de redes. Así que estamos inmersos en un laberinto de podcasts que cada vez es más complejo, confuso, menos agradable actualmente para algunos, pero muy diverso y del que es imposible salir cuando te metes de lleno.

Y ahora te toca a ti

Después de todo esto ¿Qué opinas tú sobre cómo ha evolucionado la distribución de los podcasts?. Quizá tú, que estás escuchando o leyendo esto, no tienes problema en usar varias plataformas y probar cosas nuevas. Pero, ¿y la gente que te rodea? ¿Usa siempre la misma aplicación? ¿Cómo descubren nuevos podcasts? Piénsalo un momento… y, si te apetece, comparte tu experiencia y tus hábitos de escucha. Esa conversación es parte de lo que mantiene vivo al podcasting.​

Nada más. Aquí tenéis los métodos de contacto de este espacio web y no dejéis de dar valoraciones en Spotify, iVoox, Apple Podcast o desde cualquier lugar que me escuches (Podlink del Pódcast de La Podcastfera). Y recuerda que tienes el feed original del Pódcast de La Podcastfera (https://rauldelapuente.com/lapodcastferapod/feed/):

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Podcasting y movilidad

Desde siempre (sí, SIEMPRE) el podcasting ha estado ligado a la movilidad. Los podcasts se suelen escuchar en la mayoría de los casos mientras se hacen otras actividades o se encuentran en sitios lejos de una pantalla de ordenador. Por tanto es una tecnología que disfrutamos en dispositivos móviles. Como habréis notado, después de varios años con dispositivos “muy logrados tecnológicamente” para disfrutar de contenidos al fin este año se han puesto un poco las pilas para adaptarse al “mercado” del podcasting. Y doy las gracias. Ya era hora. Los que me conocen un poquito saben que soy un consumidor de podcasts algo especial. Y me encanta probar cosas nuevas y juguetear con este mundillo. Pues por ahora, todavía no se cumplen unas expectativas por mi parte en cuanto a la movilidad y el podcasting. Veamos algunas opciones, tanto plataformas como gestores de podcasting.
En general, existen ahora mismo 3 plataformas de podcasting de moda: iTunes, iVoox y Spreaker. Hay más, pero estas son las que más se utilizan actualmente. De los amigos de Apple, ya sabemos que si no pasas por el ordenador la gestión de podcasts añadidos en iTunes es nula. Que se agradece que “se acercaran” a nosotros sacando su aplicación “Podcasts” pero cosas básicas como exportar tu feed para poder importarlo en otro gestor o no poder escribir una reseña… pues la anulan un poco. Pero se me está yendo la olla. Que no quiero hablar de gestores, sino de las plataformas. Esos lugares del podcasting que son como unos grandes almacenes donde poder descubrir e incluso interactuar con los inquietos de las ondas 2.0. Por tanto, iTunes en movilidad…mal, aunque mejor medio sustituido por la app Podcasts.
iVoox se ha esforzado en ofrecer sus aplicaciones tanto en Android como en iOS. Mucho mejor que lidiar con su navegador adaptado a dispositivos móviles, pero que sigue sin ofrecer cosas básicas como exportar el feed individual o al completo, algo que tanto me gusta de su web. Pero al menos puedo jugar con los contenidos, tienen una parte social muy trabajada y tienen algoritmos a lo youtube para encontrar cosas que podrían interesarme. Aunque eso de los destacados…en fin. Este portal, mejor. Pero no lo uso como gestor de mi feed, si no como lo que es: un gran almacen donde encontrar cosas y poder llevarlas a “mi casa”. Y ahí fallan de nuevo.
Pasamos a Spreaker. ¡Ay, Spreaker! el gran dolor del oyente que usa Android como uno de sus terminales para consumir podcasts. Porque, aunque sea una plataforma de disfrute para los podcasters (lo de spreakers me parece una chorrada) los que finalmente escuchan esos audios lo pasamos mal desde los terminales. Y de nuevo no puedo hacer nada para gestionar el feed ni comentar…ni escuchar si usas Android porque se cortan las emisiones cada dos por tres, lo que provoca “TENER” que pasar por la web para exportar feed y poder enviarlos a otros gestores por ejemplo. Y por lo visto para los podcasters también es una “joyita”. Por tanto, la única plataforma que más me agrada es la española: iVoox.
Pasando a los gestores de podcasts, sólo voy a comentar los dos más famosos/laureados y usados tanto en iOS como en Android por lo que ofrecen: Downcast y Beyondpod. Tras la estrategia de Apple de sacar la aplicación Podcast, y que mejora mucho esa gestión del podcasting en la llamada era post-PC para no tener que estar todo el día conectando el reproductor a iTunes, Downcast sigue siendo junto con Instacast de los gestores de podcasts más usados en este sistema operativo. Aunque yo no puedo echar muchas flores a los desarrolladores, puesto que uso un “dispositivo desfasado” como es un iPod de cuarta generación, hace lo básico que necesito: buscar y añadir podcasts fácilmente, importar/exportar el feed, crear listas de reproducción, temporizador de reproducción, gestión del número de descargas y podcasts a mantener antes de ser borrados…etc. Aunque tengo que decir que el gran pero es que es un suplicio navegar por él. A veces pienso que es por el extenso número de suscripciones que manejo. Otras por el dispositivo, cosa que me ocurre desde que adquirí el iPod: cosas de la inevitable fragmentación en iOS. Me gustaría poder clasificar los podcast por temáticas en un futuro, pero lo que más me fastidia es el propio iOS con su “política” de compartir y escasa interoperabilidad entre aplicaciones. Eso de estar limitado a compartir por las redes que ellos digan y no hacer lo que me salga de las narices con un programa, me limita. A la mayoría no tanto pero a mí mucho. No creo que me pase a Instacast ya que lo probé hace tiempo y no me gustaba tanto como Downcast, pero sobre todo me echa para atrás la mala fama que está cogiendo versión tras versión y su paso por caja adicional.
Pasemos a BeyondPod. Desde hace un par de años es el que se ha quedado en mis terminales Android. Después de probar casi una docena y dudar entre Pocket Casts (tuve problemas en la importación del feed) y éste, Beyondpod lo tiene casi todo: además de lo descrito en Downcast, también me permite clasificar los podcasts por temáticas y sincronizar con Google reader.  Y por supuesto, gracias a Android, hago lo que quiero mediante el menú compartir. Cosa que hay que criticar, ya que antes de las últimas actualizaciones compartir un episodio era mucho más sencillo. Ahora está más escondido y me parece horrible para los que no suelen trastear con la tecnología porque no encontrarán el menú (por cierto, para que salga hay que colocarse en el listado de descargas y mantener presionado el capítulo a compartir para que aparezca el menú con el típico “share episode”). Por supuesto, para los que vengan de iOS puede ser feo o poco intuitivo. Pero jugando con él un tiempo se le puede sacar todo el partido rápidamente. Y lo he instalado desde dispositivos como una HTC Magic a todos los Nexus que han salido sin problemas de cuelgues ni lentitud en la interfaz. Y siempre con al menos 100 podcasts incluidos en el feed. Espero que en un futuro los Nexus sean más grandes en cuanto a almacenamiento, porque es lo que provoca que tenga que tirar de dos “cacharros” para poder disfrutar de todo el contenido que quiero.

En fin, tanto las carencias de ciertas plataformas y aplicaciones (y gran culpa de los desarrolladores) como las limitaciones en el hardware puede que no permitan mantener esa carita feliz de igual forma que provocan los podcasts que se escuchan en movilidad. Podría pasarme horas y horas escribiendo sobre toda mi experiencia como consumidor, pero sólo quería hacer una reseña de las sensaciones que se tienen ahora que las posibilidades son un verdadero lujo en comparación a lo que se podía hacer con un simple reproductor mp3 o un iPod “de ruedita”.

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