Parecía que el problema de los topillos se había terminado con su exterminio pero investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Valladolid han estudiado las relaciones entre el uso de rodenticidas y la tularemia, una enfermedad infecciosa que afecta en especial a roedores, liebres y conejos, pero también a humanos. Los resultados indican que la proporción de topillos infectados por tularemia fue “particularmente alta y significativamente mayor” entre animales encontrados muertos en zonas tratadas con rodenticidas: un 66,7%.
Durante los meses de febrero y marzo de 2007 se liberaron en el núcleo donde se originó la plaga de topillos, al sur de Palencia, granos de cereal tratados con clorofacinona mediante abonadoras. De forma simultánea, se recogieron cadáveres de topillos y se colectaron vivos trampeados, tanto en zonas tratadas con rodenticidas como en áreas sin tratar.
Este mismo año comenzó una epidemia de tularemia en humanos, cuyo foco inicial coincide con el área de la provincia de Palencia donde comenzó la plaga de topillos. La epidemia se disparó en julio de 2007, durante la cosecha de cereal, y predominaron los casos de infección por vía inhalatoria, a diferencia del brote de 1997, que fue asociado a la manipulación de liebres, es decir, a un contagio por contacto.
Es otro ejemplo del peligro que puede entrañar la erradicación de un problema inminente. Esperemos que lo de la gripe A no sea parecido.
Referencia bibliográfica:
D. Vida,, V. Alzaga, J.J. Luque-Larena, R. Mateo, L. Arroyo, J. Viñuela, “Possible interaction between a rodenticide treatment and a pathogen in common vole (‘Microtus arvalis’) during a population peak”, Science of the Total Environment. www.elsevier.com/locate/scitotenv
Fuente: CSIC
En este episodio se conmemora de nuevo los premios Nobel de este año dando un repaso a la candidatura de Física y como siempre, se da un repaso a los logros y vida de los ganadores: Charles K. Kao, de Standard Telecommunication Laboratories, Harlow, Reino Unido, y de la Universidad de China en Hong Kong, por sentar la bases que llevaron a la transmisión de la luz en fibras para las comunicaciones ópticas, y conjuntamente, a Willard S. Boyle y George E. Smith, que trabajaban en Bell Laboratories, Murray Hill, Estados Unidos, por la invención del circuito semiconductor de imagen, el sensor CCD.